
KING
KONG
A Rafael Castillejo hace tiempo que King Kong le ha atrapado. El gigantesco gorila lo tiene allí, en la palma de su mano (digo, garra) y Rafael en lugar de chillar le rie las gracias. Y es que King Kong es el monstruo que más le ha hecho disfrutar.
Rafael hace tiempo que se guarda carteles, fotos y todo lo que encuentra de su monstruo favorito. La película de King Kong es la película que más le ha impresionado en su vida y se la sabe de memoria. Nos referimos al primer film que se hizo sobre este asunto, en 1933, no a las versiones posteriores. Para los que no os acordéis, os la vamos a contar. Más o menos, el argumento es este: 
Erase una vez un director de cine, Carl Denham que buscaba una actriz para la película que quería rodar en una isla misteriosa. Casualmente encontró a una joven que acababa de robar una manzana para comer (la crisis no es algo exclusivo de esta época) y que era una actriz de teatro en paro. A cambio de no denunciarla le pidió que le acompañara en un viaje por mar y que ella sería la protagonista de su film.
Se embarcaron en el "Venture" y pusieron rumbo hacia Indonesia. Finalmente, Carl Denham se sinceró con el capitán del barco y le dijo que en realidad lo que estaba buscando era una isla misteriosa que no figuraba en los mapas, porque sabía que allí había un ser extraño llamado Kong, al que quería filmar.
Una vez llegados frente a la isla Calavera, que así se llamaba el lugar que buscaban, se formó una pequeña expedición para ir a explorarla. Llegados allí, les extrañó mucho descubrir una misteriosa muralla... ¿una muralla allí? ¿para qué? ¿qué escondía? ¿qué guardaba?

Para que este relato no dure tanto como una sesión de cine, abreviaremos todo lo posible. Digamos que el jefe de la tribu vió a Ann y pensó inmediatamente en que la chica sería un buen regalo para el verdadero dueño de la isla. Propuso cambiar a la rubia por unas cuantas nativas, pero los compañeros de Ann se negaron y, viendo el panorama, se retiraron discretamente al barco. Por la noche fueron los indígenas y raptaron a la chica (que se los puso muy fácil...).
A la mañana siguiente vuelven los del barco a la isla para rescatarla y la encuentran justamente a punto de ser entregada como ofrenda al monstruo de la isla, Kong, que es un gigantesco gorila.
Una vez que Kong tiene ya a la chica, la tiene que defender de unos animales prehistóricos que la atacan. Hay varios enfrentamientos entre King Kong y los americanos, los americanos y los nativos, los animales entre sí... Aparecen en pantalla Sauropodos, Tiranosaurios, Pterosaurios, etc. Finalmente le lanzan una granada a King Kong y éste cae al suelo inconsciente, momento que aprovechan para reducirlo. Deciden llevarlo a Nueva York para exhibirlo. En su presentación al público co
mo "La octava maravilla del mundo", el gorila, que se ha enamorado de Ann, se pone furioso con los destellos de las cámaras fotográficas de los periodistas, porque cree que atentan contra ella. Se libera de las cadenas y va tras la chica, que a puesto tierra por medio y ha huido. La busca, la encuentra, la sube al Empire State Building... pero allí unos aviones consiguen derribarlo y el animal se desploma sobre el suelo. Los protagonistas respiran tranquilos, sobre todo Ann que ya entrevé su futuro al lado de Jack Driscoll (de la tripulación del Ventura) en lugar de con King Kong. Pero el público que ve la película, no se sabe muy bien por qué, se siente un poco triste con el final que se le ha reservado al pobre animal. Por cierto, que la última frase del film es famosa: al morir King Kong alguien dice "le han matado desde los aviones", a lo que Karl Denham apostilla: "No, a la Bestia lo ha matado la Bella".
El film fue dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. Sus protagonistas fueron Fay Wray, Robert Amstrong y Bruce Cabot. Fue una producción de
RKO Pictures, productora que estaba atravesando un mal momento económico y que pudo recuperarse gracias a las ganancias que obtuvo con King Kong. El guión lo escribió Ruth Rose y James Ashmore Creelman sobre argumento de Edgar Wallace y Merian C. Cooper. Los efectos especiales estuvieron a cargo de Willis O'Brien que, además de algunos documentales, había hecho ya en 1925 el largometraje "El Mundo Perdido", basado en una novela de Sir Arthur Conan Doyle.
Estos efectos especiales fueron parte fundamental del éxito de la película. O'Brien, a falta de los recursos técnicos como los que actualmente se utilizan, desplegó imaginación para hacer creible la historia que se narraba.

Utilizó la técnica del stop-motion o paso a paso, utilizada para aparentar movimiento con objetos estáticos y que consiste en trabajar con unos muñecos articulados hechos en material flexible a los que se les hace una serie de fotos (24 por segundo) con la cámara de cine, mientras se les va cambiando ligeramente su posición, con lo que al pasar las imágenes rápidamente se obtiene la impresión de movimiento.
Se estrenó el 2 de marzo de 1933 en el Radio City Music Hall de Nueva York y se convirtió en un éxito
de taquilla en todo el mundo.
La crítica desde el primer momento la valoró positivamente y, pese a algunos fallos de orden técnico, reconoció en King Kong aquellas cualidades que hacen grande una película.
Se han hecho muchas versiones de esta película, disponiendo de más medios financieros y con efectos especiales muchísimo más sofisticados, pero no se ha conseguido repetir la magia de la primera. Nuestro coleccionista aconseja a potenciales directores de cine de nuevas versiones, que no se molesten en intentarlo, porque no van a conseguir superar el original.
Rafael vio por primera vez este film en el cine Actualidades de Zaragoza, hace ya algunos años, y recuerda como si fuera ahora mismo la impresión que le produjo. Y la impresión se la hizo King Kong, pero también la protagonista Ann, papel interpretado por Fay Wray. Por eso, Rafael tiene un pensamiento especial para ella y le dedica todo su trabajo de recopilación sobre la película con esta dedicatoria: "A Fay Wray, donde quiera que esté". Ahora, gracias a esta colección, ella está muy cerca de todos nosotros, aquí mismo... (y en el Desván de Rafael).
The end